El peligro de las acusaciones falsas

Hace unos meses, me vi envuelta en una de las intrigas más rocambolescas de mi vida.. Y eso me ha traído hasta el blog con una nueva entrada cuyo título creo que es más que explicativo de lo que voy a escribir.

Aunque no sepáis que paso, cosa que no voy a contar, cuando acabéis de leer os garantizo que no os hará falta saberlo, porque entenderéis perfectamente el por que del post.

Hace unos días, leí en algún artículo de un periódico que en los últimos diez años han muerto 800 mujeres a manos de sus parejas, el porcentaje de ellas que había denunciado los malos tratos era mínimo. Y que las condenas sobre denuncias falsas se reducían a un 0.0016%… ¿Os parece poco? A mi no. Me parece demasiado.

Fijaros en el dato “condenas sobre denuncias falsas”… Ese dato no nos dice que solo un 0.0016% de las denuncias son falsas, si no que de las condenas conseguidas por malos tratos solo ese porcentaje es de denuncias falsas y el resto era de ellas denuncias probadas.

Por tanto, poniendo esto en cifras podríamos decir que sería algo así (ojo que es un ejemplo al azar):

De cada 2000 denuncias de malos tratos, 500 son falsas, eso nos da un 25% de denuncias falsas. De ese 25%, en un 0.0016% de los casos, el acusado, no puede demostrar que es inocente y se le condena, pero el resto de esos hombres queda estigmatizado de por vida a causa de una denuncia falsa, con los problemas que eso le puede acarrear para rehacer su vida y limpiar “su nombre” no solo en el ámbito personal, si no también en el laboral.

En un país como el nuestro, donde la presunción de inocencia es nula, donde un hombre se convierte en culpable por ser denunciado y tiene que demostrar su inocencia (en lugar de ser quien denuncia quien demuestre que el delito es real). ¿Alguien se ha planteado el daño que puede hacer una de esas denuncias falsas a cualquiera de los acusados?

Pues parece ser que no. El nuestro es un mundo difícil. Vivimos en un limbo legal, nuestras prácticas legales… lo que se dice legales no son. Un contrato D/s puede resultar más perjudicial que beneficioso si hay una denuncia por malos tratos de por medio, y encima la denuncia quedara probada ya que suele haber hay documentos gráficos de las sesiones.

Creo que a veces, no somos conscientes de lo que implica una denuncia o acusación falsas dentro de nuestro ámbito. Este tipo de denuncias, se suelen hacer contra hombres dominantes en la mayoría de los casos, en cierto modo los “débiles” en este sentido… ¿por que los débiles? Por que nuestra legislación sobreprotege a las mujeres en estos casos y por ende, nosotros tendemos ha hacer lo mismo fuera de los juzgados. Aunque esta forma de proceder suele ser la correcta, a veces no nos paramos a comprobar la veracidad de las acusaciones y en ese punto es donde cometemos el error.

Antes de dar por reales las acusaciones de cualquier persona, sea hombre o mujer, sumis@ o Dominante, es conveniente contrastar las dos versiones de un hecho, ver las implicaciones personales de cada una de las partes y valorar lo más objetivamente posible la situación.

Tengamos en cuenta que una persona despechada (sin entrar en roles o sexos), que quiere dañar  a una pareja, posible pareja o ex-pareja, al ver su corazón roto, puede actuar mal en un arrebato sin ser consciente de las consecuencias de sus actos.

Estas acusaciones o denuncias pueden provocar que el “acusado” sea condenado al ostracismo social, el veto en los clubs y su exclusión de cualquier actividad del mundillo, con el perjuicio que esto supone de cara a iniciar una nueva relación o mantener las que ya tenía, incluso las amistades.

Y si esa acusación se convierte en denuncia, no solo le afectará dentro del “gremio” si no también en su vida personal, en su día a día, con su familia, sus compañeros de trabajo…

En definitiva, seamos un poco consecuentes y conscientes de lo que hacemos y decimos ya que en un arrebato podemos destrozar la vida a alguien, ya sea al “acusado” o la nuestra propia si se demuestra que dichas acusaciones son falsas.

Mistyca.

Anuncios