El Alma Enamorada

 

La mujer un día lució un vestido del color de la felicidad y la esperanza, su pelo era rojo fuego y brillante como el sol, sus ojos vivos y despiertos, sus labios siempre dibujaban aquella sonrisa nítida y luminosa.

Ahora, del vestido, solo quedaban harapos; de su pelo no mas que el apagado espíritu de las cenizas, sus ojos el reflejo del desolado y húmedo vacío que dejan las lágrimas, como sus labios, ya ajados por el tiempo y la pena.

Aquel era el vestido que tantas veces vistió para Él.
A Él le regaló el calor y el brillo de su melena, las miradas apasionadas y las sonrisas llenas de ilusión y promesas.
A Él le ofreció los cantos de sirena que su voz ya extinta no volverían a entonar.

Pero Él, recordaba cada una de las miradas, las sonrisas, las palabras que ella le brindó, sin dejar de oír sus cantos de sirena.
Mientras el brillante sol del mediodía, calentaba su anciano y marchito rostro bañado en lagrimas, en el que sin poder remediarlo, y a pesar de estar sentado frente a la fría lápida que la cobijaba en aquella desolada necrópolis, se dibujaba la más cálida de las sonrisas de un alma enamorada.

Mistyca

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